- ¿Qué es la tendinitis de la pata de ganso?
- Causas más comunes de la tendinitis de la pata de ganso
- Síntomas característicos de la tendinitis de pata de ganso
- Diagnóstico médico: ¿cómo se detecta esta lesión?
- Tratamiento de la tendinitis de la pata de ganso
- Ejercicios recomendados en la fase de recuperación
- ¿Cuándo acudir a un especialista?
La tendinitis de la pata de ganso es una lesión frecuente que afecta a la parte interna de la rodilla y que puede dificultar actividades cotidianas como caminar, subir escaleras o hacer deporte. Aunque suele pasar desapercibida en sus primeras fases, con el tiempo puede convertirse en un problema incapacitante si no se trata correctamente. En este artículo abordamos de forma clara y detallada qué es la tendinitis de la pata de ganso, cuáles son sus causas más comunes, cómo reconocer sus síntomas, de qué manera se realiza el diagnóstico médico, y qué tratamientos y ejercicios son más eficaces para aliviar el dolor y prevenir recaídas. Un enfoque completo y riguroso para quienes buscan entender esta afección y encontrar soluciones reales.
¿Qué es la tendinitis de la pata de ganso?
Definición médica y zona afectada
La tendinitis de la pata de ganso es una inflamación de los tendones que se insertan en la parte interna de la rodilla, justo por debajo de la articulación. Esta afección se clasifica dentro de las tendinopatías y puede generar dolor, sensibilidad e incomodidad al caminar, correr o subir escaleras.
La zona afectada se localiza en el compartimento anteromedial de la tibia, es decir, en la cara interna y anterior de la rodilla, en el punto donde convergen tres tendones que forman la denominada “pata de ganso”.
Es una lesión frecuente en personas que realizan actividad física intensa, pero también puede presentarse en población sedentaria con problemas de sobrepeso o alteraciones biomecánicas.
Músculos y tendones implicados
La “pata de ganso” está formada por la inserción conjunta de tres tendones de músculos del muslo:
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Sartorio (músculo del muslo anterior)
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Grácil o recto interno (músculo medial del muslo)
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Semitendinoso (uno de los isquiotibiales, situado en la parte posterior del muslo)
Estos tendones se insertan juntos en la parte superior interna de la tibia, formando una estructura anatómica que permite la flexión de la rodilla, la rotación interna y la estabilización de la articulación durante el movimiento.
Cuando alguno de estos tendones se inflama por sobrecarga, fricción o alteraciones posturales, se produce la tendinitis, generando dolor característico en la zona interna de la rodilla.
¿Por qué se llama “pata de ganso”?
El nombre “pata de ganso” proviene de la forma que adoptan estos tres tendones al insertarse en la tibia. Vistos desde una perspectiva anatómica, los tres tendones forman una estructura similar a una huella de ave palmípeda, recordando a la pata de un ganso.
Este término se utiliza comúnmente tanto en el ámbito médico como fisioterapéutico para describir la zona, y facilita la localización de la lesión al hablar de una región anatómica fácilmente identificable por su forma.
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Causas más comunes de la tendinitis de la pata de ganso
Sobrecarga muscular y actividad física
Una de las principales causas de esta tendinitis es la sobrecarga repetitiva de los músculos implicados, especialmente en actividades que implican movimientos repetitivos de flexión de rodilla, como correr, montar en bicicleta o subir escaleras.
En deportistas y personas activas, el esfuerzo excesivo sin un adecuado periodo de recuperación puede generar microlesiones en los tendones, que con el tiempo se inflaman y provocan dolor persistente.
También es frecuente en personas que retoman la actividad física tras un periodo de inactividad, sin una preparación progresiva.
Factores biomecánicos (pronación, desequilibrios musculares)
Los desequilibrios posturales y biomecánicos son otra causa habitual. Algunos de los más comunes incluyen:
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Pronación excesiva del pie, que altera la alineación de la pierna y la rodilla.
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Descompensaciones musculares entre cuádriceps, isquiotibiales y músculos de la cadera.
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Alteraciones en la marcha o en la pisada.
Estos factores generan una carga anormal sobre los tendones de la pata de ganso, favoreciendo la fricción y la inflamación crónica.
El análisis biomecánico por parte de un fisioterapeuta o podólogo puede ser fundamental para identificar y corregir estas causas.
Obesidad, artrosis y otras patologías asociadas
El exceso de peso corporal incrementa la presión sobre las articulaciones y tendones, especialmente en la rodilla. En personas con obesidad, el sistema musculoesquelético debe soportar una carga constante que favorece la aparición de tendinopatías como la de la pata de ganso.
Por otro lado, patologías como la artrosis de rodilla pueden alterar la biomecánica y provocar fricciones o tensiones anormales sobre los tendones.
También se han identificado casos asociados a diabetes mellitus, que puede alterar la calidad del colágeno y dificultar la recuperación de los tendones.
Factores de riesgo en deportistas y personas mayores
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En deportistas, sobre todo corredores y ciclistas, la combinación de esfuerzo repetitivo, mala técnica y falta de descanso eleva el riesgo de tendinitis.
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En personas mayores, la disminución de la elasticidad tendinosa, el desgaste articular y la pérdida de masa muscular favorecen la aparición de lesiones incluso con esfuerzos leves.
En ambos casos, la prevención mediante ejercicios adecuados y revisiones periódicas es clave para evitar recaídas o cronificación del problema.
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Síntomas característicos de la tendinitis de pata de ganso
La tendinitis de la pata de ganso presenta una serie de síntomas localizados que pueden confundirse con otras lesiones de rodilla. Identificarlos correctamente es clave para acudir al especialista y obtener un diagnóstico adecuado.
Dolor localizado en la cara interna de la rodilla
El síntoma más característico de esta tendinitis es el dolor en la parte interna de la rodilla, justo por debajo de la línea articular. Este dolor suele tener un inicio progresivo y aumenta con el esfuerzo físico. Es habitual que se intensifique al realizar movimientos como correr, agacharse, cruzar las piernas o incorporarse desde una posición sentada.
A diferencia de otras lesiones más profundas, este dolor es bastante localizado y se puede identificar con facilidad al presionar la zona.
Sensibilidad al tacto y al subir escaleras
Además del dolor, la zona afectada suele mostrar hipersensibilidad al tacto. Al presionar con los dedos el punto de inserción de los tendones, justo por debajo del cóndilo medial de la tibia, es común que el paciente sienta molestia o incluso dolor punzante.
También se experimenta aumento del dolor al subir escaleras, correr en cuestas o levantarse bruscamente, ya que son movimientos que activan los músculos y tendones implicados.
Rigidez o inflamación leve
En muchos casos aparece una ligera inflamación o sensación de rigidez matutina, especialmente si ha habido reposo prolongado. La zona puede sentirse “cargada” o tensa, aunque sin una hinchazón visible importante. En fases más avanzadas, puede detectarse una leve inflamación blanda al tacto.
Esta rigidez mejora con el movimiento, pero reaparece después de esfuerzos sostenidos o posturas mantenidas.
Diferencias con otras patologías de rodilla (menisco, ligamento medial)
La tendinitis de la pata de ganso puede confundirse con otras dolencias que también generan dolor en la cara interna de la rodilla, como:
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Lesiones del menisco interno: el dolor suele ser más profundo, acompañado de bloqueos o crujidos articulares.
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Lesión del ligamento colateral medial: el dolor es más difuso y aparece tras traumatismos o giros bruscos de la rodilla.
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Bursitis anserina: aunque comparte la localización, presenta una inflamación más evidente y sensibilidad más superficial.
Por eso, aunque los síntomas pueden orientar, es fundamental acudir a un profesional para confirmar el diagnóstico y descartar otras patologías.
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Diagnóstico médico: ¿cómo se detecta esta lesión?
Un diagnóstico correcto es esencial para iniciar el tratamiento adecuado y evitar complicaciones o cronificación. La evaluación debe ser realizada por un médico especialista en medicina deportiva, traumatología o fisioterapia.
Exploración física por el especialista
El primer paso para detectar una tendinitis de la pata de ganso es la exploración clínica. El especialista palpa la cara interna de la rodilla buscando:
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Dolor a la presión en el punto de inserción tendinosa.
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Molestias al realizar resistencia contra flexión de rodilla.
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Dolor reproducido con estiramientos específicos de los músculos afectados.
Además, se evalúa la postura, el rango de movilidad articular y la simetría muscular para detectar posibles factores desencadenantes biomecánicos.
Pruebas complementarias (ecografía, resonancia magnética)
En casos donde el diagnóstico no es claro o se sospechan otras lesiones asociadas, se pueden solicitar pruebas de imagen:
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Ecografía musculoesquelética: permite observar en tiempo real la inflamación del tendón, la presencia de líquido o signos de degeneración.
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Resonancia magnética (RMN): se utiliza cuando se requiere una visión más completa de la rodilla, para descartar lesiones en meniscos, ligamentos o bursas.
Estas pruebas no siempre son necesarias, pero resultan muy útiles para confirmar el diagnóstico en lesiones crónicas o cuando no hay mejoría con el tratamiento conservador.
Diagnóstico diferencial
La zona anatómica donde se inserta la pata de ganso puede verse afectada por varias patologías, por lo que el especialista debe descartar otras posibles causas del dolor. Entre las más comunes se incluyen:
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Lesión del ligamento colateral medial
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Lesión del menisco interno
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Artrosis de rodilla
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Bursitis anserina
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Síndrome de la cintilla iliotibial (en fases avanzadas con irradiación medial)
Un diagnóstico diferencial correcto evita tratamientos ineficaces y permite adaptar la terapia a la causa exacta del dolor.
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Tratamiento de la tendinitis de la pata de ganso
El tratamiento de la tendinitis de la pata de ganso debe adaptarse al estado de la lesión, al nivel de dolor y a las condiciones físicas del paciente. En la mayoría de los casos, el enfoque conservador es suficiente y efectivo, evitando la necesidad de intervenciones más agresivas.
Fase aguda: reposo, hielo y antiinflamatorios
En las primeras fases de la lesión, el objetivo principal es reducir el dolor y la inflamación. Para ello, se recomienda:
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Reposo relativo: limitar la actividad física intensa sin necesidad de inmovilización completa.
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Aplicación de hielo: 15-20 minutos cada 3-4 horas durante los primeros días para reducir la inflamación.
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Medicamentos antiinflamatorios (siempre bajo supervisión médica): como el ibuprofeno o diclofenaco.
Durante esta etapa, es importante evitar ejercicios que impliquen carga directa sobre la rodilla o movimientos repetitivos de flexión.
Fisioterapia: técnicas manuales, punción seca, ultrasonido
Cuando el dolor agudo disminuye, se recomienda iniciar un tratamiento fisioterapéutico individualizado. Las técnicas más utilizadas incluyen:
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Terapia manual para relajar los músculos isquiotibiales, sartorio y grácil.
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Punción seca para tratar puntos gatillo miofasciales, si hay tensión muscular asociada.
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Ultrasonido terapéutico o diatermia para estimular la regeneración del tendón y reducir la inflamación.
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Vendaje neuromuscular (kinesiotape) para aliviar el dolor y corregir la biomecánica si es necesario.
La fisioterapia juega un papel fundamental tanto en la recuperación como en la prevención de recaídas.
Ejercicios de estiramiento y fortalecimiento
El tratamiento debe incluir una fase activa de rehabilitación, con ejercicios dirigidos a:
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Estirar de forma controlada los músculos implicados.
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Reforzar la musculatura estabilizadora de la rodilla y la cadera.
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Corregir desequilibrios musculares que puedan haber provocado la tendinitis.
Estos ejercicios deben ser progresivos y siempre supervisados por un fisioterapeuta para evitar errores que puedan agravar la lesión.
Tratamientos médicos complementarios (si los hay)
En casos crónicos o de difícil recuperación, el especialista puede valorar otras opciones como:
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Infiltraciones con corticoides o anestésicos (en casos puntuales y bien seleccionados).
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Terapia con factores de crecimiento (PRP) para estimular la reparación tendinosa.
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Estudio biomecánico y plantillas personalizadas, si hay alteraciones en la pisada que contribuyen a la sobrecarga.
Estas medidas suelen reservarse para situaciones específicas, tras comprobar que el tratamiento conservador no ha resultado efectivo.
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Ejercicios recomendados en la fase de recuperación
Una parte clave en el tratamiento de la tendinitis de la pata de ganso es la reeducación muscular. Los ejercicios deben adaptarse a la evolución del paciente y realizarse con regularidad para fortalecer la zona y evitar recaídas.
Estiramientos suaves para semitendinoso, sartorio y grácil
En las fases iniciales de la recuperación, se recomienda realizar estiramientos suaves y controlados de los músculos implicados en la lesión:
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Isquiotibiales (especialmente el semitendinoso): estiramientos con la pierna extendida.
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Aductores y sartorio: con ejercicios de apertura de piernas o postura de mariposa.
Estos estiramientos deben mantenerse entre 20 y 30 segundos, evitando el rebote o el dolor excesivo.
Ejercicios de fortalecimiento progresivo
Una vez superada la fase de dolor agudo, se introducen ejercicios de fortalecimiento muscular para dar estabilidad a la rodilla:
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Puentes de glúteos (glute bridge)
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Elevaciones de pierna recta en supino
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Sentadillas isométricas o con balón suizo
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Ejercicios de equilibrio sobre una pierna
El objetivo es mejorar el control motor, la coordinación y la resistencia muscular.
Errores frecuentes a evitar durante la rehabilitación
Para que la recuperación sea completa y efectiva, es importante evitar errores comunes como:
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Reanudar el deporte demasiado pronto.
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Hacer ejercicios sin supervisión técnica.
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No tratar la causa biomecánica del problema.
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Ignorar el dolor o automedicarse sin diagnóstico.
Un abordaje global, con paciencia y progresión adecuada, es clave para evitar la cronificación de la tendinitis.
¿Cuándo acudir a un especialista?
Aunque algunos síntomas pueden parecer leves, es importante no subestimar el dolor en la cara interna de la rodilla. Acudir a un especialista en los primeros días puede evitar complicaciones o el paso a una lesión crónica.
Casos en los que el dolor no mejora
Se recomienda buscar atención médica o fisioterapéutica si:
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El dolor persiste durante más de 7-10 días pese al reposo.
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Aparece limitación de movimiento o cojera.
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Se produce inflamación visible o enrojecimiento en la zona.
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Se han intentado tratamientos sin mejora significativa.
El especialista podrá valorar si se trata de una tendinitis, una bursitis o alguna otra patología de rodilla.
Señales de alarma para consultar al médico o fisioterapeuta
Además del dolor constante, otras señales que deben motivar una evaluación médica son:
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Sensación de inestabilidad en la rodilla.
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Dificultad para apoyar el peso corporal.
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Bloqueo articular o crujidos al mover la articulación.
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Dolor nocturno o que interfiere con el descanso.
Estas manifestaciones pueden indicar un problema estructural más complejo que requiere un tratamiento específico.
La tendinitis de la pata de ganso es una lesión frecuente pero tratable si se identifica a tiempo y se aborda de manera adecuada. Reconocer los síntomas, entender las causas y seguir un tratamiento basado en fisioterapia, ejercicio y corrección postural es fundamental para la recuperación.
En este artículo hemos abordado de forma completa qué es esta tendinitis, cómo se diagnostica, cuáles son los tratamientos más eficaces y qué medidas pueden tomarse para evitar recaídas. Ante cualquier dolor persistente en la zona interna de la rodilla, lo más recomendable es acudir a un profesional para una evaluación precisa y personalizada.
